Botero, una plaza en busca de seguridad

Un espacio imperdible, urbano, concurrido, tan público como artístico, tan bello como valioso, tan paisa como envidiado, es la Plaza Botero

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Por: Aseneth Cañas

 

botero

Un espacio imperdible, urbano, concurrido, tan público como artístico, tan bello como valioso, tan paisa como envidiado, es la Plaza Botero.

Desde su inauguración en el año 2002, la también conocida como La Plaza de las Esculturas, pasó de ser recordada como una cuadra de negocios convergentes a ser uno de los referentes culturales más significativos de la capital antioqueña, ubicado frente a lo que fue la Alcaldía de Medellín y ahora es el Museo de Antioquia y al lado del Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe, antes la Gobernación de Antioquia.

Pero no todo parece estar bien, La Plaza Botero, se ha convertido en un lugar propicio para los delincuentes ahuyentando a los visitantes.

Según un informe de Medellín Como Vamos, la tercera problemática principal generadora de inseguridad es el atraco callejero, en distintas modalidades como el cosquilleo.

El panorama tiende a empeorar cuando muchos hacen de esta plaza un sitio para vivir o su única forma de sustento, vulnerándose derechos como un hogar o un trabajo digno. Los habitantes de calle, los vendedores ambulantes y las trabajadoras sexuales acompañan diariamente a las esculturas, mostrando una realidad aún más cruda.

Además; las sillas, las zonas verdes y los andenes se encuentran en malas condiciones, debido al mal uso que los habitantes hacen de ellas, sin dejar de mencionar los huecos que se llenan de basuras a pesar de las canecas disponibles en la zona.

Fernando Botero, un escultor de estas montañas y cotizado en el mundo, donó las 23 esculturas, como Hombre y Caballo, La Mano, Maternidad, Mujer con Espejo, Mujer con Fruta, Eva y las demás bellas gordas con poses sensuales que se pueden tocar y abrazar, con el propósito de darle a Medellín un aire de arte y cultura que cualquier país desearía tener.

De la administración municipal, de las autoridades y de los mismos habitantes de la ciudad, depende que la Plaza Botero continúe siendo uno de los tantos lugares que atrae a propios y visitantes y que enorgullecen a los paisas que desean ejercer con tranquilidad el derecho a la seguridad y a apropiarse de los espacios públicos pagados y sostenidos con impuestos propios.

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