Discursos Inyectables

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El siguiente texto es la opinión y responsabilidad del autor y no compromete la opinión y responsabilidad del medio aquiestamos.net

 

Por: Aseneth Cañas

 

Se considera políticamente incorrecto, el hecho de utilizar de forma imperativa e insistente los medios de comunicación para la promoción de ideologías y la impulsión de una carrera política específica.

No obstante, es común ver o escuchar a dirigentes o ex dirigentes políticos en los canales comunicacionales con mayor posicionamiento y difusión, dando sus apreciaciones y deliberaciones sobre determinados temas de impacto nacional.

Un discurso político se transmite más fácilmente que cualquier otro discurso por dos circunstancias, la primera por el uso y el control de los medios de comunicación que ayudan a la construcción de una red de relaciones que goza de un líder y unos seguidores, es aquí en donde el flujo de mensajes puede llegar a ejercer un control social influenciando la opinión pública, lo que facilita y fomenta ciertas construcciones mentales o refuerzan actitudes ya existentes, por ejemplo, cuando de generación en generación una familia pertenece al mismo partido político; la segunda se debe a las técnicas de persuasión utilizadas en función del efecto que se persigue, que no es más que transmitir confianza para asegurar un seguidor.

Esta integración entre los gobiernos y los medios de comunicación, en donde se invierten legalmente grandes cantidades de dinero, provoca unas reacciones en la audiencia más allá de gritar consignas, aplaudir o memorizar frases de un discurso y es básicamente el permitir un cambio de voluntades de forma organizada.

Harold Laswell, docente de la Universidad de Chicago, creó el término “aguja hipodérmica”, haciendo alusión a que la información penetra en la mente e hizo énfasis en los efectos que generan las palabras en las personas. La propaganda política, por ejemplo, moviliza masas gracias al análisis de los contenidos de cada mensaje emitido, de los canales empleados, de los públicos y de la construcción de discursos eficaces y persuasivos. Laswell notó que se genera opinión pública dependiendo de la información que imparten los medios, lo que es reforzado por el psicólogo Carl Hovland, quién estudió la persuasión a partir de los efectos generados luego de impartir un mensaje.

Foucault, aseveró que el discurso saca a relucir el juego de la rareza impuesta con un poder fundamental de afirmación , lo que encaja en la función que tienen los medios de comunicación que en vez de informar, no solo desinforman sino que enseñan a obedecer para provocar la adhesión de masas.

La propaganda y la agitación vividas al escuchar un discurso político se convierte en un show en donde las mentes de las personas que forman grandes y numerosos grupos reunidos en torno a un político hacen las veces de arcilla fresca que puede modificarse y moldearse.

Marx, dijo que la reproducción ideológica va acompañada de la inculcación de los “valores”, las opiniones y las cegueras, que necesita para funcionar y alcanzar las intenciones que se pretenden.

El lingüista de izquierda George Lakoff, aseguró que “una cosa es analizar la lengua y el pensamiento y otra muy distinta es crearlo”, eso es precisamente lo que hace un aspirante a un cargo ejecutivo o un ex dirigente que desea no ser olvidado, primero observa y escucha las reacciones y palabras de los asistentes y luego pasa a modificarlas suscitando temas de interés para ellos como la salud, el dinero, la vivienda, la seguridad y el exterminio de los malos en la guerra armada contra los enemigos para lograr la paz.

El Orden del Discurso de Michel Foucault, nos recuerda que la construcción del discurso está controlada y seleccionada y si un político controla y selecciona sus palabras es con el fin primordial de hacer lo que conocemos como lavado de cerebros, para convencer a los indecisos bajo la consigna de que nunca hay una culminación de esperanzas, es decir, aunque haya una decepción ciudadana siempre un elector creerá en un país mejor, gobernado por hombres justos y rectos.

La existencia de las luchas, las victorias, las heridas y las dominaciones mencionadas por Foucault nos hace pensar en lo verdadero y lo falso y lo bueno y lo malo. Según un dicho árabe, la verdad se pierde con demasiado discurso pero ¿qué tan evidente es el abandono de la verdad? Un elector suele darse cuenta de las mentiras de un líder tiempo después de su triunfo.

El periodista Raúl Prieto conocido por su firma Nikito Nipongo, dijo que si se suprimen las mentiras y las sandeces de los discursos políticos quedan solo comas, puntos y etcéteras, puede determinarse, entonces, que para obtener el poder es indispensable el engaño acompañado de un alto grado de capacidad de convencimiento.

Hablar de lo bueno y lo malo en el ámbito político genera apreciaciones diversificadas, según Aristóteles, un estado es gobernado mejor por un hombre bueno que por unas buenas leyes , es decir, que es esencial la integridad de una persona que desee obtener una gobernabilidad, pero esto es difícilmente posible si recordamos la frase del Nobel peruano Vargas Llosa, “la política saca a flote lo peor del ser humano”, podemos decir a su vez que el poder puede dañar las buenas intenciones de un individuo que pasa de integro a insensato.

La importancia de hablar mierda, un texto de Nicolás Buenaventura, asegura que hablar por hablar es un juego y que el discurso reproduce una doble dimensión de la cotidianidad humana, es por ello, tal vez que muchos obtienen el poder a pesar de sus parlamentos clichés y sus incalculables sonsonetes, todo de la mano de un previo estudio gramatical y de expresión verbal y corporal. Foucault habla de los gestos y los comportamientos que acompañan un discurso, es notable el manejo de la comunicación no verbal que suele tener tanto impacto como las palabras mismas.

Foucault, nombra la resistencia o aceptación que prosigue de un discurso, ejemplifiquemos el lado de la aceptación con un caso colombiano, el del ex presidente Álvaro Uribe, quién en su mandato aumentó la edad para pensionarse, subió la gasolina y el IVA al 16%, no rebajó las tarifas de servicio público, tampoco rindió cuentas por la plata de los capos, despilfarró millones en su estéril guerra, regaló Telecom y plata por orejas con su aval de falsos positivos y llamó a la masacre de Cajamarca “error militar”, diciendo a la vez a Colombia que la lealtad era garantía de cumplimiento; luego salió limpio de las chuzadas del DAS, más limpio que el sur del país con su Plan Patriota que huele a fumigado, pero no tan limpio como su hacienda Guacharacas de dos mil hectáreas equivalentes a casi 80 barrios de Medellín.

Álvaro Uribe Vélez, maneja la oratoria como pocos saben hacerlo, es experto en el uso de la retórica para atraer adeptos y usa los medios de comunicación como herramienta para acrecentar su fama e idealizar opiniones y conceptos como la seguridad democrática.

Es inolvidable la despedida dada en el centro administrativo de Medellín, La Alpujarra, al ex mandatario que logró posicionarse como uno de los mejores presidentes en toda la historia del país. La aceptación que aún tiene es impresionante, así lo demuestra el número de seguidores en su cuenta en twitter en la que publica frases que mantiene adeptos en su lista a pesar de su gestión, y refuerzan el debate público, como por ejemplo el trino: “El concierto de Paul McCartney fue gracias a mi y a mi seguridad democrática”. Foucault creyó que los temas imaginarios acompañan creencias sin memoria, a de ser ésta la suerte de Uribe y de muchos políticos que gobiernan mal y nadie lo recuerda.

El discurso político, es entonces, no sólo una hegemonía acompañada de un dominio sino también una habilidad hecha con maña y mucha destreza que juega gracias al poder de las palabras y su difusión con las ilusiones de muchos y la ignorancia de casi todos.

Si bien se necesita de una dirigencia también se requiere de una buena escogencia de ésta, para salir del estancamiento en el que se hayan sumergidas muchas naciones y más conciencia política, en donde los gobernantes no piensen sólo en su éxito económico y personal sino también en el progreso de todos con igualdad de condiciones.

La democracia, parece verse amenazada por la cultura de masas, como lo cita Umberto Eco en Apocalípticos e Integrados . Una cultura influenciada por discursos que actúan como agujas gracias al patrocinio y a la promoción de los medios de comunicación, que introducen a presión no una sustancia, sino una ideología que alimenta un sistema capitalista excluyente y desigual, permitiendo que el poder siempre este en manos de los mismos.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Coello, Manuell Jaime. (2012). Comunicación y Persuasión. http://jaimecoellomanuell.wordpress.com/2012/03/14/carl-i-hovland-la-persuasion-y-el-cambio-de-actitud/

Foucault, Michel. (1992) El Orden del Discurso. Buenos Aires. Tusquets Editores. Pág 3-4- 42

Zuleta, Estanislao. (1982) Sobre la Lectura. Bogotá. Laguna Libros. Pág 15

Buenaventura, Nicolás. (2000) La Importancia de Hablar Mierda. Editorial Bucaramanga.

Eco, Umberto. (1984)Apocalípticos e Integrados. España. Editorial Lumen

 

Citas de Internet:

www.politing.com.mx

http://www.sabidurias.com/cita/es/456/aristoteles/

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