La meretriz jubilada

¿Tiene un cálculo de cuántos hombres disfrutaron de sus servicios sexuales durante los 28 años que se dedicó a la profesión más vieja del mundo?

El siguiente texto es la opinión y responsabilidad del autor y no compromete la opinión y responsabilidad del medio aquiestamos.net

 

Historia de Vida

 

Por: Aseneth Cañas

 

meretriz

En 1948, mientras moría en Bogotá el caudillo Gaitán, nacía en Medellín Rosalba, conocida desde la época setentera como Rosa.

Mi padre la conoció hace casi 40 años en sus recorridos por el Barrio Antioquia, con  su atuendo brillante, cejas finas, crespos sueltos y labios rojos.

Le gusta tejer, comprar, mercar, limpiar, cocinar, recibir visitas, hacer gimnasia y obras de caridad e ir a misa y a  la peluquería. Cuando cumpla los 70 años, dice ella,  vivirá en un ancianato rodeado de paz, naturaleza y viejitas como ella.

Porcelanas, cortinas, cojines, espejos, tapetes, flores, lámparas y velones hacen juego con la rockola, la campana y la cafetera de bronce, el reloj cucú, el teléfono clásico japonés y los cuadros de Venus, María Auxiliadora y Marilyn Monroe que decoran su casa de calculados 300 metros habitada por ella, dos canarios en su jaula, un gato en su cojín y varios peces en su pecera.

Me concedió la entrevista sin trabas ni reparos, pues no le apena hablar de su pasado que le evoca  recuerdos buenos, malos y regulares.

 ¿Desde cuando su gusto por el tango? la canción que escucho al fondo es “Por una cabeza” de Gardel ¿Cierto?

Mi madre siempre lo escuchó después del abandono de mi padre por eso me gustó desde niña, además Gardel fue mi amor platónico aunque no alcancé  a conocerlo; pero sí a imaginarme que era uno de mis clientes con tarifa preferencial o sin cuenta de cobro.

Hablando de clientes ¿Tiene un cálculo de cuántos hombres disfrutaron de sus servicios sexuales durante los 28 años que se dedicó a la profesión más vieja del mundo?

Imposible, pero le puedo decir que fueron miles y todos quedaron satisfechos pues muchos regresaban, otros me recomendaban y algunos se enamoraban.

Y aquellos que se enamoraban ¿Qué le proponían?

Que dejara de prostituirme y me fuera con ellos, pero yo nunca creí en esas propuestas, además eso de casarse y tener hijos era una historia de mi mamá que no quería repetir por eso prefería fumigar  los pajaritos multicolores que me pintaban en el aire.

Hábleme de esa decisión de ser una sexoservidora, ¿Cómo la tomó? ¿Alguien le ayudó o la motivó?

Empecé un día de mayo de 1972 a mis 24 años. Tomé esa decisión porque me tocó ser bonita, pues era un encanto, más bella que usted, señorita periodista. Era el deseo de todos los hombres y la envidia de muchas mujeres, además andaba sin cinco en mis bolsillos y primeramente Dios y la plata.

Gracias por lo de señorita pero perdí mi virginidad hace un buen rato y usted ¿A qué edad la perdió?

Pero supongo que todavía le falta mucho por aprender, cuando quiera le puedo dar unas clasecitas y consejitos para que vuelva loco a cualquier hombre y respondiendo su pregunta, le cuento que en mi época  era normal y casi obligatorio llegar virgen al matrimonio; pero yo era la excepción en todo y comencé a tener relaciones sexuales a los 20 años. Luego comenzó mi vida en las cantinas.

¿En las cantinas era donde trabajaba? Pensé que era en el Barrio Antioquia por ser la zona de tolerancia desde 1951

Resulta que yo comencé a ejercer casualmente cuando llegó la violencia a la ciudad. En los años setenta llegó a ese barrio con gran fuerza la marihuana, el contrabando, las bandas de hampones y los jaladores de carros. El sicariato cobraba cada vez más vidas porque muchos jóvenes ya tenían armas y motos y los delitos solían cometerlos los parrilleros. Los clientes escaseaban en esa zona y yo debía buscarlos en otros sitios. Ir a las cantinas era coger clientela fija, pero igual allí también debía tener mucho cuidado.

¿Lo dice por la policía? ¿Qué hacía para sortear la represión policial?

Ese tema ha sido muy difícil durante todo la historia. En siglos pasados los castigos iban desde vergüenzas públicas y trabajos forzosos hasta destierros y ahora veo que muchas deben esconderse para poder trabajar. Cuando me cogían me tocaba proponer y pagar sobornos o en muchos casos por no decir en casi todos les trabajaba gratis y ellos se iban contentos y callados.

Hábleme de uno que otro cliente inolvidable

Son muchos, recuerdo aquellos jovencitos que eran llevados por sus padres para perder la virginidad, otros que eran fijos en las quincenas, también los que creían que era psicóloga y me contaban sus problemas  y yo los aconsejaba y por eso mi tarifa tenía más ceros a la derecha, otros que parecían salidos de revistas o de pantallas de cine, a esos  ni siquiera les cobré,  pero los mas inolvidables son los atarvanes, especialmente uno que me marcó para toda la vida.

¿Por qué? ¿La golpeaba?

No, nunca permití que ningún hombre me pegara pero me obligaba a hacer cosas poco comunes que sencillamente no me gustaban aunque me pagaba el doble.

De eso quería hablar, del dinero ¿Cómo establecía los precios?

Al principio cobraba bien porque era joven y los hombres se derriten con la piel tersa pero poco a poco gané mucho más, cuando cogí experiencia y a la par comencé a atender hombres importantes y adinerados. Los extranjeros, por ejemplo, pagaban buenas cantidades  pero eran muy pocos porque Colombia no era turísticamente apetecible en ese entonces. Los empresarios jugaron un papel importante en mi bolsillo pero los políticos y los mafiosos eran mis clientes favoritos ya que por una sola  noche me pagaban millones y en ese entonces los billetes rendían mucho más.

¿Puede decirme nombres?

No, Confórmese con saber que por mi cama pasaron prestigiosos empresarios, concejales, diputados, senadores, alcaldes, gobernadores y por supuesto traficantes de drogas que disfrutaban de las vacas gordas y yo me beneficiaba de eso.

Usted da a entender que son más las ventajas que las desventajas a la hora de prostituirse, le da entonces la razón a las personas que las catalogan como mujeres de vida alegre ¿No le parece?

Jamás dije que la vida de una prostituta fuera fácil, de hecho es una de las más difíciles y contrario a lo que la gente piensa es una vida desdichada. Yo simplemente tuve la suerte que muchas no tuvieron. Cada noche recuerdo a las colegas que perdí por su adicción a las drogas o por enfermedades venéreas. Nunca olvidaré las agresiones graves que muchas padecían y las violaciones no denunciables, porque las autoridades en lugar de apoyarnos nos insultaban pero quien siempre estará en mi corazón será mi amiga Pilar, capturada en el año 76 en una redada de la policía o para que entiendas mejor una de esas limpiezas y totalmente desaparecida pues nunca más volvió ni supimos más de ella. No puedo dejar de hablar de los peligros que se resumen en clientes controladores y la continua preocupación por algún contagio de enfermedades ni tampoco del rechazo y la marginación a la que se es sometida. Fui  esclava no sólo de los hombres que me pagaban, sino también de una sociedad que me marginó y me señaló.

 Rosalba ya no es más Rosa y tampoco es la mujer solitaria que parece, mientras comíamos pan de yuca con café, describió uno a uno los amigos que la visitan especialmente los ex clientes que aún no sufren amnesia porque recuerdan con picardía los momentos de pasión que Rosalba resumió como: “aquellos diciembres que nunca volverán”.                                                                          A cada recuerdo le siguió un suspiro y a veces unos ratos de silencio.                                    

Lucía anillos, pendientes, manillas, pantalón de lino, gabán corto, zapatos de gamuza sin tacón, suave colorete en sus mejillas, párpados y uñas color mate, cabello teñido para ocultar las canas y lentes para su miopía. Sus ojos brillaban como el piso  en cerámica de su casa con paredes embaldosadas, cocina en mármol y cortinas floreadas. Es pequeña, risueña y frágil. Parece una muñequita en su gran casa de muñecas y toda una dama que goza de la fluidez de sus palabras, su soltura, glamour, elegancia y buenos modales.

 Veo que usted es una mujer que vive económicamente muy bien y hace mucho no se dedica a la prostitución, ¿De qué vive entonces?

Tuve dos grandes ventajas, la primera es que trabajaba para mi sola, no tenía que mantener a nadie, pues mi madre falleció y no tuve hermanos ni hijos y la segunda que soy una mujer ahorradora. Todo lo que usted ve es fruto de mis 28 años de trabajo como prostituta y de mis inversiones pues aparte de mis ahorros recibo dinero de propiedades en alquiler. Vivo sola y tranquila y es sin duda la vida que me merezco. En pocas palabras puedo decir que a mis 64 años soy jubilada por cuenta propia.

¿Quiere enviar un mensaje a las que están empezando en este oficio?

Que estudien y se preparen para no depender del dinero de los hombres y que de lo contrario ahorren para su retiro, porque la carne se cae y la piel se arruga y no se puede ejercer para siempre.

¿Pensó en algún momento en eso, en estudiar para cambiar de profesión?

No, las aulas de clase, los cuadernos y los profesores no se hicieron para mí; además yo fui feliz como prostituta. Nunca me avergoncé y siempre tuve claro que estaba ejerciendo un derecho, pues soy dueña de mi vida y de mi cuerpo y nunca le hice daño a nadie con mi profesión.

No entiendo, antes dijo que la vida de una prostituta es una vida desdichada y acaba de decirme que fue feliz como prostituta ¿Entonces? ¿Felicidad o desdicha?

 Es una mezcla de sabores dulces y amargos. Cualquier trabajo tiene cosas que nos gustan y cosas que nos disgustan, supongo que su trabajo también goza de muchos sinsabores.

 Entonces ¿No le molestaba que le dijeran puta?

No, yo nunca sufrí de daños morales ni psicológicos con ese asunto y, si bien creo en Dios, también creo que me perdonará como lo hizo con María Magdalena aunque mi nivel de arrepentimiento no es tan alto como supongo fue el de ella.

Y para terminar, ¿Usted cree que algún día se acabará la prostitución?

No, primero se acaba el mundo. Las prostitutas somos o son tan necesarias como los ingenieros, los abogados, los médicos o como cualquier otro miembro de la sociedad. Siempre habrá mujeres con ganas de dinero y hombres con ganas de sexo.

Por último, déjeme agradecerle por ésta entrevista, pues los periodistas de ahora sólo se preocupan por buscar a las niñas prepagos que de algún modo son más facilistas, pues contactan a los clientes por la web y se hacen cirugías estéticas para ser más atractivas y no estoy diciendo que está mal, sólo que la verdadera y auténtica prostitución fue la que yo ejercí, cuando  la tecnología no llegaba tan lejos y la naturalidad te dejaba ver tal cuál eras.

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