Las víctimas se encuentran

victimas

 

A pesar de ello seguimos confiando que la paz y la reconciliación son horizontes posibles y por ellos seguiremos trabajando

 

El siguiente texto es la opinión y responsabilidad del autor y no compromete la opinión y responsabilidad del medio aquiestamos.net

 

Por: Antonio Madariaga Reales
Director Ejecutivo Corporación Viva la Ciudadanía

 

Quienes hayan seguido a través de los medios masivos de comunicación el desarrollo del Foro de Victimas realizado en Cali los pasados 3,4 y 5 de agosto encontrarán, que según algunos de ellos, lo de Cali fue ante todo una “guachafita” y un enfrentamiento sin precedentes entre las víctimas.

Quienes siguen los trinos de la senadora María Fernanda Cabal y de su jefe “el innombrable”, podrían ir más lejos y creer que ese Foro fue una gran encerrona de unas víctimas contra otras.

Afortunadamente no fue así y a pesar de distintas malas señales, los desarrollos observados por quienes tuvimos la oportunidad de participar en Villavicencio, Barrancabermeja, Barranquilla y Cali lo que demuestran es la construcción progresiva de las víctimas como sujetos sociales y políticos y actores centrales en la construcción de la paz.

Ahora lo dicho no significa la inexistencia de tensiones, ni mucho menos negar el que en algunas personas y grupos exista la intención de generar enfrentamientos y descalificaciones de otras víctimas.

¿Cómo entender las tensiones? Hay unas razones históricas, otras de carácter social y otras propias de la coyuntura. Como explicamos en una columna anterior el recorrido histórico de unas y otras víctimas es muy diferente y las asimetrías son evidentes entre ellas.

Unas de las más importantes asimetrías están en los niveles de organización y movilización. Evidentemente hay niveles más amplios, sólidos y profundos de organización y mucha más capacidad de movilización entre las víctimas de agentes de Estado y víctimas de los paramilitares que entre las víctimas de las guerrillas y eso puede ser explicado entre otras razones porque mientras el Estado, los gobiernos y los medios han identificado con toda claridad a esas víctimas de la guerrilla, las víctimas de los agentes del Estado y de los paramilitares ha tenido que organizarse y movilizarse desde muchos años atrás, (por lo menos desde los inicios de los años 80), para ser reconocidos como víctimas. Recordemos, para no ir muy lejos, la determinación del gobierno del “innombrable”, de negar el conflicto armado interno, de desconocer la existencia de víctimas de agentes del Estado y de nombrar a las víctimas de desplazamiento forzado como “migrantes internos”.

Otra de las asimetrías tiene que ver con los niveles de conocimiento de los derechos a la verdad, justicia y reparación, de las políticas públicas que buscan satisfacerlos, las limitaciones de las mismas y la naturaleza de sus reclamos. En términos generales las organizaciones de víctimas de agentes del estado y de los paramilitares tiene mayores conocimientos y eso tiene como una de las consecuencias, como se observó en todos los foros, diferencias en la construcción discursiva y en la fortaleza argumentativa de unas y otras víctimas.

Otra asimetría tiene que ver con el origen social de unas y otras. Si bien es cierto que el accionar de las guerrillas ha afectado a personas de todas las condiciones y grupos sociales, alrededor de los foros, hubo dos reclamos diferenciados, los de un grupo de víctimas, (muchos de ellos familiares de miembros de la fuerza pública, soldados, policías y suboficiales principalmente), por lograr una significativa presencia en los mismos y poner en ese entorno sus demandas y las de otro grupo de victimas que no tienen interés aparente en participar de ejercicios deliberativos, (en términos generales pertenecen a sectores poderosos económica y/o políticamente), reclaman un trato especial, privilegiado y diferenciado y que decidieron no asistir a los foros, deslegitimarlos y en algunos casos incentivar el sabotaje a los mismos. En el caso de las víctimas de agentes del Estado y paramilitares es mucho más evidente la caracterización popular, de clases medias y de líderes sociales y de defensores de derechos humanos, deseosos y necesitados de espacios de deliberación.

En lo que tiene que ver con la coyuntura es evidente que las conversaciones en la Habana, el reconocimiento por las partes de que existen víctimas de agentes del Estado, de paramilitares y de la guerrilla, facilita la emergencia en la agenda pública y en los espacios de interlocución de las víctimas de la guerrilla y ello por supuesto genera tensiones, por lo demás normales.

Recordemos de que a pesar de que las políticas públicas con respecto al secuestro, a la desaparición forzada y a las torturas y las víctimas de esos hechos victimizantes fueron tímidamente visibles, pero visibles en la década del 80 y parte de los 90, la magnitud de la tragedia del desplazamiento forzado y la expedición de la ley 387 de 1997, pero sobre todo la sentencia T-025 de 2004 que definió el estado de cosas inconstitucional, con respecto al desplazamiento forzado pusieron ese hecho victimizante y a las víctimas de desplazamiento forzado en el centro de la agenda y determinaron, en buena parte por las acciones de la Corte Constitucional, que las políticas públicas se orientaran hacia esas víctimas.

Por ello no es casual que una parte de las OPD (organizaciones de población desplazada) y otras organizaciones de víctimas de desplazamiento forzado, manifestaran y manifiestan aun hoy su descontento hacia la ley 1448 o ley de víctimas y restitución de tierras, por considerar esta ley un retroceso frente a la preeminencia que la sentencia T-025 y los autos de la Corte Constitucional dieron a estas víctimas.

Por todo lo anterior pueden ser comprensibles las tensiones que se expresan en los foros, donde un grupo de víctimas de las guerrillas y en particular de las FARC, emergen y buscan la visibilidad y el reconocimiento al que legítimamente tienen derecho. Lo que no impide señalar que en estos foros y por la forma inadecuada como inicialmente fueron tramitadas estas tensiones el primer día del Foro de Cali, se observa un retroceso en la consideración política, que está en la base de la ley 1448 y es que las víctimas se definen por las características de la violación de sus derechos y por el hecho victimizante asociado a estos (la ley considera todos los hechos victimizantes) y no por su victimario. Es claro que impulsar esa división entre víctimas de las FARC y las demás víctimas forma parte de una estrategia que utiliza los legítimos derechos de las víctimas, cualquiera sea su victimario, como parte de la oposición a las negociaciones que se llevan a cabo entre el gobierno y las FARC.

El día del cierre del Foro en Cali se logró una importante reducción de la tensión y nuevamente abundaron de todas las partes las manifestaciones de reconocimiento a las víctimas, a todas las víctimas y a la necesidad de que sean considerados sus derechos a la verdad, la justicia y la reparación, como una centralidad en las conversaciones de la Habana.

Siendo entonces comprensible la tensión existente resulta necesario destacar que aparte de ellas hubo, en el caso de Cali, indudables imprevisiones metodológicas, (la interminable plenaria del primer día es un ejemplo de ello), dificultades logísticas, (la mala calidad del sonido en el recinto de la plenaria es un ejemplo de ellas), que aumentaron la confusión y las dificultades, pero ante todo hubo posturas destinadas a incentivar los enfrentamientos. Lo anterior a pesar de los encomiables esfuerzos de las organizaciones responsables del Foro, (Universidad Nacional y PNUD).

Cabe destacar de manera especial por la naturaleza de sus funciones en relación con los derechos humanos, las provocadoras intervenciones de la delegación de la Procuraduría General de la Nación tanto en la apertura como en el cierre del Foro. Es inaceptable que la Procuraduría, pierda todo sentido de su misión y se dedique a un discurso discriminador y generador de divisiones entre las víctimas. De la misma manera en la instalación, algunas desafortunadas expresiones del Defensor del Pueblo resultaron además de incomprensibles, altamente inconvenientes para el desarrollo del Foro.

¿Quiere decir lo anterior que tenemos que resignarnos a presenciar esta dinámica de manera permanente? No, por lo contrario, lo sucedido en los foros de Villavicencio, Barrancabermeja, Barranquilla y la mayor parte del tiempo en el foro de Cali, donde se presentó un número importante de ponencias con elementos de diagnóstico y de propuestas muy valiosas, (destaco la ponencia presentada por la Mesa Nacional de Victimas pertenecientes a Organizaciones Sociales en Cali), demuestra que es posible un trámite democrático y racional de las tensiones, que lograr relaciones respetuosas y solidarias entre las víctimas es perfectamente posible y, que es necesario aplicarse, en especial el Estado, a una difusión de las políticas públicas que pretenden satisfacer los derechos a verdad, justicia y reparación, disponerse a escuchar las demandas de las víctimas y de esa manera contribuir a disminuir las asimetrías que pueden ser disminuidas.

Estamos ante un panorama alentador, desde mi perspectiva, que tendrá gran importancia para el acuerdo de la Habana y para la posterior refrendación e implementación de los mismos, como camino hacia la paz estable y duradera que ansiamos. En ese sentido la realización de los Foros de Víctimas donde participaron cerca de 3.500 víctimas y la visita de las víctimas a la Mesa de Conversaciones de la Habana que comienza la próxima semana, son además de hitos, (ningún proceso anterior de negociación en el mundo ha tenido este componente) una forma democrática de tramitar uno de los más difíciles asuntos de una negociación: los derechos de las víctimas.

Sin embargo, la imposibilidad de que casi 7 millones de víctimas se sientan representadas por las 60 que viajarán a la Habana, la imposibilidad de que los criterios que se utilicen para la escogencia de los integrantes de estas delegaciones dejen a todas y todos satisfechos, hacen prever un nuevo pulso y el aprovechamiento político de los derechos de las víctimas de grupos y personas, que como el “innombrable” se especializaron durante su gobierno en desconocerlos.

A pesar de ello seguimos confiando que la paz y la reconciliación son horizontes posibles y por ellos seguiremos trabajando.

 

Tomado de: viva.org.co

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