Misión de la OMCT visitó Cárcel la Tramacúa de Valledupar

En la cárcel la Tramacúa, se implementó un sistema de quejas para los internos, pero al final de la visita no hubo acceso al reporte para poder establecer cuántas, y por qué razones, se presentan al mes.

El siguiente texto es la opinión y responsabilidad del autor y no compromete la opinión y responsabilidad del medio aquiestamos.net

 

Por: Fernanda Sánchez

 

fernanda2

 

A la Cárcel La Tramacúa, penitenciaría de alta y mediana seguridad de Valledupar, se llega por la vía a La Mesa donde 33 personas –entre defensoras y defensores de derechos humanos, abogados y familiares de prisioneros-han sido asesinadas desde su apertura en el año 2000.

Árboles a lado y lado de la carretera, zonas de influencia de Jorge 40, es el paisaje cercano a la penitenciaria de color gris donde unos carteles de dos sindicatos nos indican que allí también la guardia penitenciaria aplica el Plan Reglamento en protesta por el hacinamiento y sus condiciones laborales.

Llama la atención un cartel amarillo en la pared del lado izquierdo de la fachada que dice: “En este establecimiento se respeta la dignidad humana. Aplicando siempre la ética y un sistema de calidad en todos los procesos. Su dignidad humana y la mía son inviolables”.

Una vez allí y tras intercambiar unas palabras con un guardia, la Misión Internacional de la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT) integrada por Eric Sottas, ex secretario general y Helena Solá, coordinadora para América Latina de la OMCT, acompañados por la Corporación Reiniciar y el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos ingresaron a la penitenciaría.

Las paredes sucias, un vidrio roto, en la oficina donde registran visitantes, la basura en los alrededores, el techo con humedad visible en el sitio donde come la guardia y los baños sin agua, sin papel higiénico, ni bombillos, y sucios para visitantes, contrastan con la oficina amplia, con ventilador, y un botellón de agua donde el director recibe a la misión.

En su amplia y acogedora oficina, el coronel Gonzalo Alberto Barriga Flechas habla de las condiciones laborales de los guardianes, que están protestando, e intenta explicar que abusos de la guardia ocurren debido al estrés, el horario y el mal salario, entre otros. Pero añade que sí ha habido sanciones en algunos casos. No ofrece muchos detalles.

Integrantes de la misión le preguntan si las condiciones de salubridad, seguridad y atención médica han mejorado. El coronel Barriga responde que la sección de sanidad fue renovada y el servicio de agua se presta en condiciones limitadas.

En la cárcel la Tramacúa, a diferencia de otros centros penitenciarios, se implementó un sistema de quejas para los internos, pero al final de la visita no hubo acceso al reporte para poder establecer cuántas, y por qué razones, se presentan al mes.

Tras una charla cordial y respetuosa con el director de la cárcel, Eric Sottas, Helena Solá y las dos organizaciones acompañantes, miembros de la Coalición Colombiana Contra la Tortura, hicieron un corto recorrido con estrictos controles.

Desde el espacio común se ven la zona de enfermería, el bus, un pasillo entre rejas, y el locutorio un lugar oscuro y frío donde manos femeninas y masculinas saludan la misión. En ese sitio se encuentran 16 personas en aislamiento.

Uno de los guardianes asegura que están ahí porque son prisioneros “conflictivos”, incapaces de vivir con otros. El panorama es triste y desconcertante. Se escuchan sus voces y llaman a una de las abogadas del equipo.

Aislados en condiciones infrahumanas

Le entregan varias páginas -escritas a mano- en las cuales una persona que está en el locutorio denuncia malos tratos por parte de la guardia. A pesar de las condiciones de hacinamiento, uno de ellos, saluda y sonríe. Sus dientes blancos resaltan en la oscuridad del locutorio.

La misión recorre, el área de sanidad o enfermería, donde si bien se comprueba que las instalaciones han mejorado, los prisioneros esperan ser atendidos en espacios que asemejan jaulas y piden que por favor intervengan para que los atiendan rápido.

En sanidad un médico atiende en la jornada de la mañana, otro en la tarde hasta las siete de la noche, se ofrece un servicio de odontología y una enfermera permanece en las noches. En uno de los espacios se encuentra un prisionero con problemas en una pierna.

Explica un guardia que él está allí para evitar una infección. Está tendido en el piso en una delgadísima colchoneta. Tiene 22 años de edad y permanece allí porque sufre de osteomielitis y perdió ya 10 centímetros de su pierna derecha.

Custodiado por un guardia y apoyándose en un caminador se acerca la misión. (A pesar de encontrarse en el área de sanidad, no había registro en los tableros escritos con marcador antes de entrar a la zona).

Este prisionero nos cuenta que está preocupado porque a pesar de que una tutela amparó su derecho a la salud, no recibe las curaciones que necesita, ni los cuidados. No quiere perder su pierna.

La misión charla con él y con otro interno, invidente, sin una mano. A él un palo de escoba le sirve como bastón porque no ha recibido ningún tipo de rehabilitación, ni un bastón para desplazarse al interior de la cárcel.

Como si fuera poco, este interno con discapacidad vive en un piso alto y debe cargar el agua hasta su celda. Algunas veces le ayudan sus compañeros, pero si nadie le ayuda o él no es capaz de cargarla se queda sin agua.

Este es uno de los dramas en la Tramacúa donde los prisioneros deben cargar su propia y llevarla a sus celdas. Ese problema no ha sido solucionado. A causa de la falta de agua en los baños de sus celdas deben hacer sus necesidades en bolsas y arrojarlas por la ventana.

Este prisionero invidente es por su condición física más vulnerable que otros. Mientras Eric Sottas escucha su historia, Helena Solá habla tras las rejas del “bus”, pasillo corredor, con otros internos que denuncian maltratos mientras en el locutorio es hora de comer.

Un hombre vestido con un informe color beige y botas blancas se ubica frente al locutorio con la comida. Desde adentro los prisioneros sacan, por entre las rejas, sus recipientes para que les “echen”, literalmente, la comida. Apiñados, comen en el suelo.

Mientras ellos se alimentan la misión recibe otras denuncias sobre maltratos y abusos. Esto provee a los miembros de la OMCT, provenientes de Europa, un panorama general de lo que ocurre tras los muros en Valledupar.

Son las cuatro y el guardia que se ha mantenido todo el tiempo pendiente de la Misión, anuncia que es hora de irnos. Del “bus” sale un hombre pequeño y sonrisa grande para ayudar al prisionero invidente a llegar a su celda.

El prisionero que perdió parte de su pierna toma su caminador para regresar a su “celda” en el área de sanidad mientras espera que lo atiendan para no perder su pierna y otro prisionero de la sección de mediana seguridad, se despide amablemente de los visitantes.

Los prisioneros que están en “el bus” y los del locutorio, ese sitio oscuro e intimidante, se despiden respetuosamente. La actitud cálida de prisioneros, políticos y comunes, contrasta con la adversidad permanente en la que sobreviven.

Entrada TramacuaBis

 Eric Sottas y Helena Solá de la OMCT con sede en Ginebra, Suiza.

Cortesía Corporación Reiniciar para La Pluma, 29 de agosto de 2014

Fotos y textos Corporación Reiniciar (Miembro de la Coalición Colombiana Contra la Tortura)

http://www.colectivodeabogados.org/noticias/noticias-nacionales/Por-el-cierre-la-carcel-de

http://www.verdadabierta.com/la-historia/333-habla-jorge-40

http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/I/inpec_permanecera_en_plan_reglamento_indefinidamente/inpec_permanecera_en_plan_reglamento_indefinidamente.asp

 

Palabras claves:Colombia Valledupar Cárceles La Tramacúa Plan Reglamento hacinamiento condiciones laborales Misión Internacional de la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT) Corporación Reiniciar Comité de Solidaridad con los Presos Políticos luchas y resistencia prisioneros políticos y comunes

COMENTARIOS:

COPYRIGHT © 2013 aquiestamos.net - Prohibida su reproducción total o parcial.

Scroll to top