Retratando Huellas de Paz en medio del conflicto

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En Colombia hay 5.7 millones de desplazados registrados oficialmente desde 1997, de los cuales casi el 50% son niños, niñas y mujeres.

 

El siguiente texto es la opinión y responsabilidad del autor y no compromete la opinión y responsabilidad del medio aquiestamos.net

 

Estábamos durmiendo cuando empezó la balacera. Este niño (su nieto) se tiraba por todas partes y empezaba a correr del miedo. Volaban piedras, tierra, y yo pensaba ‘nos mataron a todos’, dice Mireya, de 63 años, mientras recuerda los hechos que la llevaron a desplazarse por tercera vez con toda su familia en Colombia. “Yo dije: ’nos tenemos que ir de aquí, no nos podemos quedar”. Esa fue la noche en la que Mireya*, Aníbal*, Leidy*, Yamile*, Anita* y Andrés* decidieron huir de la zona rural de la región del Catatumbo hacia una cabecera municipal.

El Catatumbo es, desde el 2012, escenario del proyecto Huellas de Paz**, financiado con los fondos de la iniciativa Niños de Paz, puesta en marcha por la Unión Europea con los fondos del Premio Nobel de la Paz. A través de actividades culturales y lúdicas, el proyecto reúne a más de 200 niños, niñas, adolescentes y jóvenes de las comunidades de La Gabarra, Filogringo, San Pablo y Aserrío que enfrentan a diario riesgos derivados del conflicto armado, entre ellos el desplazamiento forzado, la violencia sexual y el reclutamiento. Huellas de Paz buscar brindarles nuevas oportunidades y herramientas a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes para que puedan desarrollar sus capacidades intelectuales, emocionales y de resolución pacífica de conflictos en entornos que permitan su protección y les den la posibilidad de ejercer una ciudadanía activa.

Este año, Huellas de Paz y ACNUR han introducido un componente de documentación comunitaria con el fin de que 30 niños, niñas, adolescentes y jóvenes narren, a través de la fotografía, cómo entre ellos van construyendo mundos de paz desde la individualidad y lo colectivo; cómo van cambiando imaginarios para construir una realidad en la que todos y todas gocen de los mismos derechos en libertad.

Durante 3 encuentros se estarán formando en temas de narración fotográfica y elementos técnicos que les permitan documentar a través de sus propios ojos su realidad, su proceso de fortalecimiento, al igual que reconocerse como agentes de cambio autónomos dentro del mismo y dentro de sus comunidades. Aníbal, de 13 años era uno de los participantes de Huellas de Paz quien a causa del conflicto armado y los altos riesgos que aún enfrenta, al igual que el resto de la población civil, ha visto interrumpido su proceso de fortalecimiento.

Mireya, Aníbal y su familia vivieron 4 años en la zona rural, después de haber huido de amenazas y atentados en la cabecera municipal. Pero tuvieron que volver a desplazarse, huyendo de los ataques indiscriminados, los bombardeos y los combates en zona rural. “Donde vivíamos antes había más trabajo, nos arreglábamos para comer bien. Bendito sea dios, teníamos la casita y era tranquilo. Pero ya no”, dice Mireya.

Viven ahora en un barrio de invasión en una cabecera municipal, en una pequeña casa con estructuras de madera, techo de zinc y paredes de lona. “Este terrenito nos los dio el dueño que nos vendió el derecho de las mejoras de la casa y el lote. Aquí gracias a dios tenemos agua y luz, lo grave es el asunto de la tierra y el trabajo”. Desesperanzados, y pese a haber dejado sus pertenencias bajo candado en la zona rural, no quieren regresar. “Ese asunto de la violencia allá, los combates, peleas y todo está grave porque están que sacan la coca entonces están peleando todo el tiempo. Aquí es tranquilo, no suena ni un grillo”, añade Mireya.

El proceso de documentación comunitaria y Huellas de Paz, con el apoyo financiero de la Unión Europea a través de su Departamento de Ayuda Humanitaria, busca seguir reduciendo los riesgos de desplazamiento y otras afectaciones que tienen que enfrentar personas como Aníbal, cuya infancia ha sido interrumpida en varias ocasiones a causa del conflicto armado interno. De ahí la importancia de que estos niños, niñas, adolescentes y jóvenes sigan fortaleciéndose cada día como líderes para que su generación deje huellas que les permitan vivir en paz junto a todos aquellos comprometidos con garantizarles sus derechos (familias, comunidades, instituciones nacionales y locales, y la cooperación internacional).

En 2012, el Premio Nobel de la Paz le fue otorgado a la Unión Europea como reconocimiento a su contribución a la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa. La UE decidió dedicar la dotación económica del premio a asistir a 23.000 niños afectados por el conflicto y el desplazamiento forzado en todo el mundo. Esto incluye tres proyectos en Colombia, a través de los cuales los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de Buenaventura y Unión Peneya están llevando a cabo procesos de formación en fotografía similares al de Catatumbo. Se trata de evitar riesgos para los estos niños y niñas, y contribuir a la construcción de una cultura de Paz en el Catatumbo y en toda Colombia.

En Colombia hay 5.7 millones de desplazados registrados oficialmente desde 1997[1], de los cuales casi el 50% son niños, niñas y mujeres quienes requieren que se sigan uniendo sus esfuerzos de manera responsable y sigan apoyándoles en la construcción de una cultura de Paz en el Catatumbo y en toda Colombia.

*Nombres cambiados por motivos de protección

**Huellas de Paz es un proyecto del ACNUR ejecutado por el Secretariado Nacional de Pastoral Social en la región del Catatumbo.

Por Diana Díaz Rodríguez en el Catatumbo, Norte de Santander, Colombia

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[1] Ello sin contar con el alto nivel de sub-registro que existe debido a desconocimiento y falta de denuncia por miedo a represalias.

ACNUR

Tomada de: http://www.acnur.org/t3/noticias/noticia/retratando-huellas-de-paz-en-medio-del-conflicto/

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