Un águila que vuela

aguila descalza

 

Cultural

 

Por: Aseneth Cañas

 

Dice que el reconocimiento es un oasis, que no hay un peor fracaso que el éxito cuando uno se lo cree, que uno es un operario de Dios en el mundo, que los seres humanos se comen unos a otros como ratas, que recuperar a un pueblo es una de las labores del dramaturgo, que nada nos librará de la muerte, que soportarse es su mayor atrevimiento, que la academia no es para él, que ningún premio es más valioso que el otro, que uno no es más ni menos que nadie, que cuando el teatro no se llena se emputa, que en la clínica empezó una nueva vida, que una de las cosas más importantes de la vida es perder el tiempo, que las mujeres no tienen que hacer nada para conquistarlo y que vivirá 104 años.

Su infancia

Su papá le decía que era un bueno para nada, que no se cogía el culo con las dos manos, que vivía en las nubes, que era un pozo de mentiras, que era un gitano y que no tenía plata para comprarle pistolas.

Cuando era niño, mezcló pinturas, remedios, azúcar y café para pintar la cocina mientras su madre Lucía atendía una visita. En los sesenta, quedó asombrado con una función de marionetas en el desaparecido Teatro Junín. Calimán fue una de sus inspiraciones para actuar con sus amiguitos hasta que uno de ellos se clavó una cañabrava en su boca. Pasadas sus quince primaveras, llegó a su casa una máquina de escribir en la que hizo sus primeros poemas.

Su amada literatura

El libro titulado, Los Misterios que el Mar Esconde fue el mejor obsequio en su primera comunión. El Diálogo Inconcluso de Maurice Blanchot es su favorito porque según él compromete la memoria, el habla, el diálogo, la pregunta, el significado y el significante. Jorge Luis Borges, León de Greiff, Tomás Carrasquilla y el Marqués de Sade también hacen parte de sus preferencias literarias.

Su opinión acerca de las mujeres

Este escritor que se define como un hombre intenso, tras recordar la frase de Estanislao Zuleta: “Le debemos a Eva la fortuna de habernos librado del paraíso”, dijo que las mujeres son mejores que los hombres, que son una debilidad, un sagrario, un misterio, que todas le parecen hermosas y que las mujeres honestas lo conquistan.

Son más de 30 sus distinciones

La Orden Porfirio Barba Jacob, Pedro Justo Berrío, el Escudo de Oro Universidad de Antioquia y la declaración del Museo Teatro Prado como “Bien cultural de valor arquitectónico, histórico y urbanístico” de la ciudad, hacen parte de sus reconocimientos, pero el que más lo ha llenado de satisfacción es la que él denomina: “La orden del aplauso del público”.

 

 

Su faceta de pintor

Manifestó no tener tiempo libre por dedicar mucho al teatro y el que le sobra lo destina a ampliar su colección de óleos, dibujos y collages, esta última su técnica preferida ya que la considera como una ilusión que le permite meter el mundo en una caja y cree que al final él será su propio collage cuando lo metan en una cajón que no sabe cómo decorarán. También le gusta el acrílico, regar, manchar y recoger basura.

No vuelve a beber y No vuelvo a beber

Tras salir de una clínica en los 90 y superar sus adicciones a las drogas y el alcohol, supo que nunca volvería a beber y que era un afortunado por tener cinco dedos en ambas manos.
No Vuelvo a Beber, afirmó, es su obra predilecta porque será un clásico en la dramaturgia nacional, porque recupera cosas sagradas, porque recrea esa tierra prometida y ese paraíso perdido que se encuentra inmerso en la locura de la farra, el vino, la desesperación y el trago donde el ser humano recobra la tierra de nadie y regresa al infierno en el guayabo más absoluto.

No se considera una celebridad

Dice no vanagloriarse con sus grandes o pequeños logros porque el mundo tiene tanta pobreza, miserias, fatigas, hambres, analfabetismo y causas perdidas que no somos nada en el concierto universal, que el trabajo individual no modifica la historia del mundo y que nadie ni tampoco la fama, nos librará de la decrepitud, la enfermedad y la muerte.

A los 21 días del noveno mes de 1951, nació un literato que debutó como actor en los 80 y fundó El Águila Descalza, él es Carlos Mario Aguirre Velásquez, un águila que voló, vuela y seguirá volando hasta sus 104 años.

 

 

infográfico

COMENTARIOS:

COPYRIGHT © 2013 aquiestamos.net - Prohibida su reproducción total o parcial.

Scroll to top